Lápiz labial y el último toque de rubor. Me puse el tapado, miré la hora, agarré las llaves y salí. El sol encandilaba mis ojos. Realmente era un día espectacular para estar en pleno otoño. Eso me subió aun más el ánimo. Caminé hacia la parada del colectivo. Una sonrisa interna me invadía lentamente, pero a la vez los nervios se hacían sentir bastante. Al fín había llegado la gran oportunidad. Al fin tendría la entrevista con el Empresario más importante del país y no debía fallar.
Subí al colectivo. Me senté atrás de todo. Volví a mirar el Currículum, para asegurarme de haber puesto bien todos los datos. De nuevo miré la hora. Eran las dos de la tarde en punto. Tenía media hora de viaje y a las tres la entrevista, por lo que tenía tiempo de sobra para tomarme un cafecito y relajarme antes de entrar. Me acomodé en el asiento y me sumergí en la música de mi mp4.
Realmente no lo podía creer. Nunca en mi vida me sentí tan idiota y enojada conmigo misma. Todo había terminado. La voz del chofer que anunciaba el final del recorrido se inmiscuyó sin piedad en mis oídos. La imagen del número siete se repetía en todas partes, al igual que los colores azul y verde. Estaba en la terminal, donde además del viaje, se habían acabado mis esperanzas y sueños. La gente me miraba, parecía burlarse de mi desgracia. Sin poder evitarlo, quise verificar lo obvio. Miré el reloj. Eran las cuatro menos cuarto de la tarde.
Caminé y caminé hasta poder ubicarme en aquel extraño lugar. Las lágrimas caían lentamente de mis ojos, la bronca era indescriptible. Lo que menos hubiese imaginado era que ese día me iba a quedar dormida. Me maldije una y otra vez, sabiendo que era imposible aquella fantasía de poder volver el tiempo atrás.
Unos minutos después de subir al colectivo, saqué mi celular del bolso. La pantalla me indicaba que tenía un mensaje nuevo, el cual no había escuchado debido a mi estado. Lo leí una y otra vez. Grité, todos me miraron pero no me importó. Era un mensaje de la secretaria de la empresa. Debido a un corte de luz, la entrevista se pasaría para la próxima semana.
Entonces, retocándome el maquillaje y mostrando nuevamente una sonrisa me pregunté: ¿Quién dijo que no existen las segundas oportunidades?