Más les vale a este par de payasos que me quiten las manos de encima. Yo viajando en uno de estos ¿Quién diría? Vaya uno a saber las rameras que aquí mismo habrán viajado y lo que estos corruptos, amparándose bajo la famosa excusa de “protectores de la ley y el orden”, habrán… ¡Ah, no! ¡Por los clavos de Cristo! Mejor ni pensarlo.

A ver si ahora, por lo menos, me llaman los nenes. Una deja la vida para satisfacerlos y ellos ni siquiera levantan el tubo para preguntar si vivo o, quizás, si continúo cobrando esa jugosa pensión que tanto los desespera ¡Qué avaros son los jóvenes hoy día!

Abu esto, abu aquello mientras el bolsillo esté repleto de dinero sino que la pise un tren a la abu. Días, semanas e, incluso, meses me la he pasado sola con mi amigo de cuatro patas y nunca le ha importado a nadie.

¡Ay Ramón! Pensar que en vida fuiste un castigo, un viejo carcaman, pero ahora ¡Cuánto te extraño, viejo! Como el perro y el gato éramos vos y yo; como el agua y el aceite pero, hoy en día, no puedo seguir sin vos. Después de tantos regaños, tanta mala sangre tu corazón dijo basta ¡Viejo egoísta podrías haber esperado a que yo me vaya primero! Ganas nunca me faltaron. Siempre fuiste tan buenmozo: Esther, Josefa y Norma locas estaban por vos, las muy arpías ¡Si, hombre! Eso mismo son: un ramillete de viejas estiradas que no dejan a una tranquila pero ¿Qué puedo hacer yo? A fin de cuentas me sirven de compañía también.

Todos los miércoles, religiosamente, nos juntamos a tomar el té con masitas finas. Más que un “club del té” seríamos una suerte de aquelarre ¡Nadie se salva de estas viejas! El filo de sus lenguas corta lo que un cuchillo de carnicero no podría. Una más zorra que la otra y, por sobre todo, tacañas. Yo preparaba la mejor y más delicada merienda para que vean que una no escatima en nada pero, las demás, pura basura.

¿Y Esther? ¡Qué se yo, joder! ¡Tanto lío hacen por esta vieja! Sino moría por el veneno; el cáncer, mañana, pasado o la próxima semana se encargaría de llevarla a la tumba.