Marvin Van Winderde dijo con voz gruesa y un porte muy elegante al registrarse aquella noche en el hotel y presento su credencial de la embajada holandesa, parecía un buen hombre, lo acompañe hasta su habitación cinco estrellas, una gran suite como había pedido al entrar, en todo el trayecto por el pasillo caminó fumando un cigarrillo que me daba la impresión que nunca se terminaba, mientras en cada pitada levantaba exageradamente sus cejas. Al llegar a su habitación me entregó cinco euros y me pidió que le enviara una botella de whisky lo cual su suplido a la brevedad.
A la mañana siguiente Marvin salió y no volvió durante todo el día, yo no note su ausencia si no fuera por la secretaria del hotel que me lo preguntó, siempre le gustaron los rubios y de ojos verdes y no perdía oportunidad para engancharse alguno.
Al caer la noche entre los alborotos de la guerra y las quejas de los clientes del hotel no aguantaba mas quería que ese día terminara, la gota que rebalsó el vaso fue Marvin que me seguía de un lado al otro levantando sus molestas cejas y con sus zancadas de paton por su gran altura mientras buscaba la habitación de Ben Sidi Abu Fadail para instalarle un nuevo teléfono. Marvin caminaba quejandose de que el agua de su bañadera no salía caliente, que sus mueble no estaban bien lustrados y lo mas extraño que le faltaba una valija de su habitación que el embajador holandés lo había mandado a buscar a Servia y me amenazaba con denunciar a la administración del hotel si no aparecía antes de la mañana siguiente en la cual salía su vuelo. Llegamos a la habitación, la puerta estaba semiabierta, al entrar descubrimos que no había nada allí, ni ropa, ni valijas, ni nada que pudiera demostrar que Ben Sidi Abu Fadail hubiera estado en ese lugar, solo su cuerpo muerto y desnudo. De repente Marvin muy preocupado volvió a su habitación, yo tire el cuerpo a la basura estaba cansado de problemas y no quería hacer ningún tipo de declaración.

Eran las seis y media de la mañana siguiente cuando fui a la habitación de Marvin a llevarle una valija que otro huésped había encontrado tirada en el patio del hotel, pero Marvin no estaba, dejó solo lo justo de dinero sobre su cama para pagar su estadía y una notita que decía: –esta todo bien, Gracias.– Mi curiosidad era muy grande entonces abrí la valija y estaba completamente vacía pero con rastros de alguna sustancia tóxica a mi parecer. La embajada holandesa llamó horas mas tardes preguntando por Marvin pero nada sabía nada, yo pensé que iba directo ahí, nadie supo nada mas sobre Marvin y tampoco sobre la secretaria del hotel.