Es un caluroso día de verano. Estoy acostada en la hamaca paraguaya, que se encuentra en el umbral de la casa en donde mi familia y yo vacacionamos. Pienso por un momento en cerrar los ojos y dormir una siesta. Pero tengo en mis manos aquel libro que desde hace seis meses deseo comenzar a leer y que he guardado para un día como hoy, sin horarios que cumplir ni preocupaciones. Lo abro y comienzo mi lectura. De pronto saltan a mi vista nombres ya oídos alguna vez como los de Fernando Abal Medina y Mario Firmenich, otros no tanto. Me pregunto: ¿Quiénes son Carlos Ramus y Norma Arrostito?

Sigo leyendo y presiento que voy a descubrir cosas acerca de personas que por el momento no son más que nombres para mí. De pronto “ La Gaby” Arrostito despierta en mí cierta curiosidad. Ella no se cree “inmortal” como Fernando. Sí, es verdad, tienen ideales parecidos; sin embargo ella admite un posible fracaso. Es, creo yo, la más realista. La imagino con unos lentes redondos, pelo castaño, cara pálida y flaca, aunque de una extraña belleza.

El calor me desconcentra, dudo entre un vaso de agua fresca, una zambullida en el mar o continuar con la lectura. Para mi sorpresa elijo la última opción. Intento sumergirme en la época en que ellos vivían: una juventud con ideales, un contexto internacional en donde el socialismo se veía como algo cercano, posible. Los veo jóvenes, cercanos y a la vez tan distintos a mí. Hay una parte de mí que los valora. Me pregunto si algún día llegaré a tener ideales que defender por distintos que sean a los de Fernando, Mario y Norma, una utopía por la que luchar y dar la vida.

Al terminar me veo distinta, marcada por un hecho histórico que ahora siento más cercano, con miles de interrogantes acerca de quién soy y cómo voy a construir mi propia historia.

Camila Alonso Suarez- Comisión 61