¿De qué será esa mancha en el tapizado? Pareciera ser de vómito… ¡Qué asco! Seguro que no le pegan una lavada hace años. Sí, definitivamente es de vómito. De ella desprende un hedor inconfundible. Probablemente sea de algún delincuente, o quién sabe qué tipo de criminal que haya viajado en este vehículo. “Criminal”, ¡qué palabra fuerte! Pensar que así me llaman ahora… están locos. Ni siquiera me dejaron contar mi versión de los hechos. Pero si ni les interesa… A ver, ¿a quién le van a creer: a un ex jefe de la Policía Federal o a un pibe como yo, que tiene todas las de perder? Lo que es la corrupción…Este país no tiene arreglo.
¿En qué barrio estaré? No tengo la menor idea, hace rato que nos alejamos de las zonas que me resultan comúnmente familiares. Seguro estoy en provincia. Todavía no puedo creer cómo mamá dejó que me llevaran así, sin ejercer la más mínima resistencia. Es como si lo quisiera más a ese infeliz que tenía por esposo que a mí, ¡su propio hijo! Ni bien llegó la policía les abrió la puerta con mucha gentileza, los invitó a pasar y hasta les convidó con un café. Yo no lo podía creer, verla así, y acompañada del otro sátrapa del cuñado. Él le acariciaba suavemente la pierna descubierta y yo creía, que si nadie me frenaba, iba a saltarle encima y matarlo. Podría haberlo hecho, total… no tenía mucho que perder. Ya se me acusaba de haber matado al otro infeliz… ¿qué le hace una mancha más al tigre?
Y ahí seguía ella cuando me llevaron. Ni siquiera se inmutó. Se quedó mirándome desde el umbral de la cocina con cara de pánfila… ¡La odio! Bueno, no la odio, pero le tengo mucha bronca. La verdad es que era un infierno vivir en esa casa. Quizás esto sea lo mejor para mí, que me metan en cana y listo, me olvido de todo. No voy a tener que soportarla diciéndome lo mucho que lo amaba y que lo extraña ahora que murió. Yo de todos modos no puedo entender: ¿cómo hizo para volver a casarse? ¡Y encima con semejante lacra! Estoy seguro de que el hermano del miserable este lo preparó todo…Siempre noté cómo la miraba a mamá con ojos hambrientos. Era más que evidente y él no tenía ningún empeño en ocultarlo. Yo nunca le caí muy bien, se daba cuenta de que no era ningún tarado y que me imaginaba en qué tipo de asuntos andaba. Toda la pinta de comisario corrupto tenía…bah, tiene. Tarde o temprano se iba a deshacer de mí, a la primera de cambio. Y esta, sin duda, fue la ocasión perfecta.
Llegamos, parece… ¡qué lugar gris! “Penal de Olmos” dice el cartel. ¡Au… qué bestia es este tipo!, se piensa que no sé bajar solo del auto. Ahora seguro me tienen dos horas hasta que vaya a declarar. Pobres, son tan ineficientes…se les nota en la cara. Me miran absortos como si fuera un “loquito” o una suerte de monstruo.
Y bueno, no queda más que sentarme a esperar. En un rato seguro me van a llevar tras esa puerta chiquita del fondo. Seguro. Como en las películas. ¿Y qué les voy a decir? Bueno… la verdad. Que soy inocente, que no tengo por qué estar acá ni mucho menos encerrado en un calabozo. Pero también les voy a contar lo bien que se sintió meterle cinco tiros en el estómago a esa basura humana que se hacía llamar mi “padrastro”. Lo lindo de verlo caer lentamente hasta darse la nuca contra la mesa de luz y quedar totalmente inconciente en el suelo. También les voy a decir cómo disfruté ver su sangre brotar como un río y…cuando sus ojos se dieron vuelta quedando totalmente blancos, ¡qué momento increíble! Sí, les voy a decir que finalmente se hizo justicia y ese ser inhumano que me pegaba cuando era chico y había arruinado mi vida, ya no vivía más. Eso, precisamente eso, es lo que les voy a decir.