En las frías tardes de invierno, luego de volver del jardín de infantes me encontraba con la visita de una amiga de la familia. Me alegraba mucho su presencia ya que después de merendar ella tomaba de la biblioteca algún libro de cuentos para entretenerme. Aún no sabía formar palabras ni diferenciar letras de números pero me fascinaba oírla narrar y apreciaba la euforia y vehemencia de sus palabras.
A la edad de seis años aprendí a leer y comprendí el por qué de sus gestos.
Estaba jugando a las muñecas en el patio del fondo de mi casa cuando de pronto por el costado apareció mi mamá y, acercándose a mí, me entregó un librito con dibujos en la tapa. En un principio me extrañó ese regalo tan particular y más aún cuando noté con sorpresa que no tenía dibujos en su interior porque si he de ser franca a esa edad no creía que fuera posible disfrutar la lectura si ésta no estaba acompañada por imágenes visuales. Sin embargo comencé a leer y por dos meses (lo que tardé entre juegos y distracciones terminar de leerlo) fui esa niña que, acompañada de sus extravagantes amigos el espantapájaros, el leñador de hojalata y el león, buscaba ansiosa conocer al mago de Oz porque creía que era la única persona capaz de solucionar todos sus problemas. Así lo sentí mientras pasaban hojas y capítulos y cada vez sentía más cerca el momento que tanto anhelaba. Reí, me emocioné y fui feliz con cada obstáculo que conseguía superar, como así también me apené y/o tuve miedo en cada desventura que debíamos atravesar ya que a medida que leía sentía que las estaba viviendo yo; me desilusioné y desanimé mucho al comprobar que las cosas no resultaban tan sencillas como parecían y volví a confiar esperanzada cuando, sin importar el tiempo ni la forma en que se iba desarrollando la historia, llegaba a cumplir mis objetivos.
Ésta fue una de las lecturas más bellas que he realizado en mi infancia y decidí mencionarla en esta ocasión porque el mensaje que me transmitió me acompañó a lo largo de todos estos años de mi vida: se requiere de mucha paciencia, fe y perseverancia para poder alcanzar las metas que nos proponemos.