Mariano no podía creer lo que le estaba pasando. Había ganado, su felicidad era tal que se quedó callado varios segundos sin contestar ninguna de las preguntas que Jaime Racondo, el reconocido periodista de radio, formulaba durante ese lapso de tiempo.

          -Mariano ¿estas ahí? Creo que se cortó la comunicación.

          –  acá estoy, acá estoy- contestó el flamante ganador con su voz entrecortada.

          – ¿Estas contento? Les cuento para el que recién prende la radio que Mariano acaba de participar en el programa y se acaba de ganar ¡un viaje al mundial! Contame: Mariano ¿que sentís en este momento?

          – No lo puedo creer, gracias a todos, no lo puedo creer, estoy muy contento.

          – Bueno, Mariano, felicitaciones, no cortes que los chicos de la producción te van a contar cómo es el viaje.

         – Dale, gracias a todos, un abrazo.

          Luego de participar en el programa radial, Mariano vivió los días restantes al viaje con muchas ansias, casi sin poder dormir, hasta que el tan esperado día llegó. Mariano fue hacia el aeropuerto, con su pasaje de avión en el bolsillo, y todas las entradas para ver los 64 partidos en vivo. Sudáfrica estaba muy cerca, ya lo palpitaba en su joven mente.

         Durante el vuelo hacia el país africano tuvo problemas con una persona, alguien que parecía ser de Sudáfrica, por su acento y su tez negra. Mariano lo había insultado porque esta persona estaba sentada en su lugar y no quería moverse, hasta que llegó la azafata y solucionó el problema, pero las miradas y los insultos se prolongaron tediosamente en todo el recorrido hasta el aeropuerto de Johannesburgo.

        Luego del Check-in, Mariano se trasladó hacia el hotel, se bañó y tomo una siesta, ya que tenía pensado recorrer los bares por la noche.

        Como tenía previsto, luego de cenar, el hincha argentino se dirigió al centro de Johannesburgo para conocer su vida nocturna y encontrarse con otros hinchas de diversos países Comenzó a caminar en dirección al centro luego de preguntarle al recepcionista de su hotel que, amablemente, le había explicado con señas y un mapa hacia donde dirigirse para pasar una buena noche. Luego de caminar alrededor de cinco cuadras, un suceso inesperado transformó su vida. De un gran Jeep bajaron 3 guardias, armados con grandes rifles, lo apuntaron, lo tiraron al suelo, lo esposaron y llevaron hacia una comisaría, donde lo encerraron sin decir siquiera una palabra.

        Mariano no entendía absolutamente nada de lo que le estaba pasando, estaba muy asustado, y temía por su vida. Pasó toda la noche en el calabozo, que era un lugar tan asqueroso y sucio, que sería imposible describirlo con palabras.

        Al otro día, se acercó una persona, un traductor que hablaba castellano. Le explicó que muy cerca de donde se encontraba caminando el día anterior habían matado a un turista, y, la descripción del asesino encajaba perfectamente con sus atributos físicos, así que iba a tener que esperar un veredicto, como principal sospechoso de la causa.

       Aunque mariano suplicó para que lo dejen ir, y contó mil veces cómo habían sido las cosas, estas fueron en vano, permaneció tres días encerrado, casi sin comer ni beber nada.

     El mundial había comenzado y Mariano se había perdido el primer partido, pero eso ya no le interesaba, lo único que quería era salir de allí.

     Esa misma noche, el traductor se acercó de nuevo, le pidió disculpas, y dijo que ya habían encontrado al verdadero asesino, que había sido un malentendido y que saldría inmediatamente en libertad. Luego de las disculpas formales que el comisario en persona quería ofrecerle.

     Cinco minutos mas tarde, se acercó entre las sombras alguien que parecía ser el comisario del lugar, Mariano lo miró: -Esa cara se me hace familiar. Pensó. Y estaba en lo correcto, el tan reconocido comisario no era más que la persona con quien se había peleado en el avión, se acercó con una gran sonrisa y con ese tono tan extraño para hablar español, le dijo:

     -Nunca más en tu vida vas a salir de este lugar- Y lentamente se alejó.

         -Señor. ¡Señor! Llegamos a Sudáfrica- le dijo una bella azafata mientras lo zamarreaba lentamente.

     Mariano se despertó  de un sobresalto. Solo había sido un sueño, gracias a Dios.

  Se dispuso a bajar del avión, cuando el dueño de sus pesadillas se acercó hacia el, con una gran sonrisa en la cara, tal cual se lo había imaginado momentos atrás en su retorcido sueño. Con esa voz tan característica para hablar español, le dijo pausadamente al oído.

     -Tenga cuidado con lo que hace esta noche, no vaya a ser que quede en mis manos- esbozó una gran carcajada, y bajo del avión.