Lo vi parado frente a la puerta, con su mochila gris al hombro igual que el día aquel, cuando me había confesado todo. No sé porque sentí un leve escalofrío en todo mi cuerpo que no pude disimular. Michelle tenía una expresión de horror que desfiguraba su cara, parecía que el tiempo había retrocedido, por fin podía entender de qué hablaba la gente cuando mencionaba el famoso deyavú.

–     Vine para quedarme- Confeso Michelle

–     No entiendo a que has venido, pero entra, es mejor a que estés ahí parado.

Dio un paso adelante y entró en mi casa como si nunca hubiese estado allí, dejó su mochila gris con desconfianza y se sentó en el sofá. Estuvimos durante horas mirándonos a los ojos tratando de comprendernos si emitir ni una sola palabra, era evidente que no lo lograríamos, hasta ese momento no sabía porque Michelle había regresado.

–     ¿A qué has venido? puedes hablarme no te voy juzgar- Dije con la cabeza gacha

–     No puedo seguir huyendo Elizabeth, ya paso mucho tiempo, y regresé a hacerme responsable de los errores que cometí en el pasado.

–     El tiempo no da marcha atrás- exclame seriamente

–     No quiero volver el tiempo atrás, sólo quiero responsabilizarme de mis errores.

Entonces mantuvimos una charla extensa hasta la mañana del día siguiente, me explico porque se había marchado años atrás después de aquella confesión, Michelle no podía cargar con la culpa de haberme engañado y yo no podía cargar con el odio que me causó su confesión.

Nos fuimos a dormir un rato, estaba en mi habitación medio dormida, en realidad estaba pensando en tantas cosas que no podía conciliar el sueño, hasta que de repente un ruido me sobresaltó creí que era Michelle pero no. Entro en mi cuarto Demián que se había ido de viaje y aparentemente el tiempo que estimó para su regreso no fue el que me advirtió la última vez que telefoneó.  Se sentó al lado mío y me miro mientras dormía un buen rato, hasta que decidí dejar de actuar y abrí los ojos.

–     No quería despertarte- Dijo Demián con su voz dulce

–     Está bien ¿cómo estás? , ¿Cómo te ha ido?

–     Bien Eli, muy bien. No quiero ser impertinente, pero ¿qué hace durmiendo en el sofá Michelle?

–     Vino ayer cariño, se quedó a dormir no tenia donde ir.

–     ¿Se quedará por mucho tiempo?

–     Aun no lo sé, puede quedarse el tiempo que necesite

–     Si esa es tú decisión…

Me miro con los ojos cristalinos, dio media vuelta y cruzó la puerta de la habitación a paso lento, quizás esperaba que lo retuviese pero en ese momento quede paralizada.

Cuando baje de mi cuarto Michelle se había ido, le había dicho a Demian que iba a tratar unos asuntos y regresaba. Aprovechando el momento de privacidad Demian me pregunto si estaba segura de lo que estaba haciendo. El me conocía muy bien no hizo falta que le contara con detalles lo sucedido aquella noche, lo peor de todo es que no me miraba culpándome, sino mas bien con una expresión de decepción.

–     Te lo pregunto una vez más Eli, ¿estás segura de que quieres esto?

Entonces comprendí a Michelle y me vi a mi misma con la misma expresión en el rostro, como si me hubiera desdoblado, hice con la cabeza un movimiento de afirmación como diciendo “si” aunque no podía hablar. Tenía una sensación de ahogo como esa que se siente en las pesadillas cuando te persigue el monstruo y no podes gritar.

Demian recogió sus cosas y se fue, no lo dudó ni por un segundo, yo sabía muy bien que así seria y sin embargo deje que suceda.

Cuando Michelle volvió estaba decidida a pedirle que se mudara definitivamente, fue entonces que vinieron a mi mente los recuerdos, malditos recuerdos que me llenaron de dudas e inseguridades en menos de medio minuto. Tome valor y le dije:

–     Dime que te quedarás por siempre

–     El tiempo que me deba quedar, quiero estar seguro de lo que quiero para mi vida.

 No quise preguntar nada más…