Las gotas de transpiración caían de su frente cuando entró por la puerta principal.
Vestido de traje con corte inglés y bien perfumado, se acerco a hacer algunas consultas con una agente asesora que trabajaba en el banco central.
– Entonces, podría guardar esa cantidad en la caja fuerte?
– Si, claro Sr. Stealed, tenemos capacidad para ese monto,­­ cuando querría depositarlo?
­­- Hoy mismo! si es posible Señorita.
– Claro que sí, ahora mismo organizo todo.
Suena el teléfono celular del Sr. Stealed, se levanta de su silla y le hace un gesto a la asistente del banco.
– Con su permiso…
Salió de allí hablando en voz baja, llevaba un maletín de cuero color negro.
– Mañana mismo tendrá todo lo que necesita- Dijo el Sr. Stealed con voz nerviosa.
– No hay tiempo Robert, ¡es urgente!
– Lo sé, mañana a primera hora estaré allí, tendré lo que necesitamos.
Cortó y volvió hacia la muchacha.
– Disculpe la insistencia, ya está todo listo?
– Si, acompañeme por aquí…
Entraron por una puerta trasera, subieron a un asensor y desendieron hasta el segundo subsuelo. Allí se encontraban las cajas individuales donde la gente pordia guardar sus pertenencias o dinero. Con mucho cuidado le otorgaron una al Sr. Stealed, y allí dejo su maletín. Con un poco de recelo observó cuidadosamente la habitación y se retiraron.
– ¡Han sido muy amables! ¡Gracias por los servicios prestados!
– Gracias a usted, está bienvenido a visitar el banco cuando desee.
Se retiro del banco con su andar pausado y elegante, bastó cruzar la puerta para que su celular sonara:
– Ya dejaste el maletín?
– Sí- respondió sin gana el Sr. Stealed
– Pero lo dejaste? Miraste la bóveda?
– Hice todo lo que planeamos.
– Bueno, hoy mismo, a la noche volveremos.
– Esta bien…
– Te espero a las 22:30 en la esquina del café.
Efectivamente a esa hora se vieron en la esquina Dante y el Sr. Stealed, también fueron dos tipos que Dante llevó como refuerzo, pero ellos se quedarían afuera.
Con su viejo truco, sin forzar, entraron por la puerta de atrás del banco, ya sabian que existia esa salida ya que durante dias observaron los movimientos de todos allí. Una vez adentro, desactivaron sin mucho esfuerzo el dispositivo de seguridad para que la alarma no suene, sabian bien como hacerlo porque Dante se infiltro en la empresa del dispositivo como trabajador, y fue él mismo quien instaló el dispositivo en el banco. Bajaron por el ascensor, y en un momento se encontraban en la bóveda, el momento que tanto planearon estaba ahí, en frente suyo. Tomaron el maletín que el Sr. Stealed dejó en la caja fuerte, tomaron las herramientas necesarias y hurtaron todas las pequeñas cajas que había. Eran aproximadamente doscientas cajas, con un monto total de aproximadamente dos millones de dólares.
– Ya está Dante, no hay más nada, apurate y vamonos!
– Dejame que hay joyas también, valen mucho!
– Ya tenés la plata que más querés! Apurate!
– Tan asustado estás? Ya estamos aquí, debemos sacarle provecho.
– Bueno, quedáte saca lo que quieras, yo ya me voy.
Dio la vuelta y empezo a andar, Dante sin remedio lo sigio y de la misma forma que entraron salieron. Dejaron todo en orden, el maletín en su lugar.
Una vez afuera se sacaron los guantes y hulleron lo más rápido que pudieron junto con los dos acompañantes.
Repartieron el dinero, un millón para cada uno y se despidieron para no verse más.
El Sr. Stealed se acerco al hospital general de Milán, tenia un bolso que Dante le habia dado para guardar el dinero. Entró con los ojos llenos de lágrimas y la cabeza gacha, buscó al doctor.
– Cómo está ella? – Pregunto el Sr. Stealed angustiado.
– Necesita la operación lo antes posible, has podido reunir el dinero suficiente?
– Sí claro aquí mismo lo traigo, tome es todo suyo.
– Deberá acompañarme a la administración del hospital a entregarlo a quién corresponda.
Dejaron el dinero, esa misma tarde operaron a la esposa del Sr. Stealed, tenía un tumor maligno y debian extirparlo sino moriría en poco tiempo.
Tres dias paso el Sr. Stealed en el hospital hasta que todo estuvo en marcha, su esposa habia despertado pero no podia recordar, el tumor lo tenía en la cabeza y la operación afectó sus recuerdos. No le importaba al Sr. Stealed mientras estuviese viva. Se fue del hospital, se dirigió a un banco y depositó el dinero que quedaba a nombre su esposa. Camino hasta su casa, se bañó, afeito, perfumo, tomo su revolver medida treitaiseis, lo apoyó en la sien y gatilló.
Dante me dijo que lo hizo por ella, pero que sabía que no aguantaría vivir con la culpa de haber robado, era una persona noble y correcta.
DANA JOUNGUZIAN, C62