Lo vi parado frente a la puerta, con su mochila gris al hombro, igual que el día aquel, cuando me había confesado todo. Me hablaba mostrando sus aires de señor, haciendo como que nada había pasado. Solo yo sé cuanta rabia sentí… Me hablaba de un viejo amor que en ese momento prefería no recordar, pero que lamentablemente lo sigo llevando conmigo y sé que lo voy a tener dentro hasta el día que muera. Descaradamente me hablaba de sus errores, como si fuera que podía remediarlos. Mi postura siempre será que la infidelidad no se perdona y mucho menos cuando fue con la tía de tus hijos.

Es inevitable entrar en discusión con él, me pasa eso hasta el día de hoy. En ese momento un ruido me sobresalto creí que era Michelle pero no. Mi hermana lo conoce, sabía que podía ir tranquilamente a buscarme, mostrando arrepentimiento. Yo sentía que ella podía llegar en cualquier momento, la conozco. Aunque ya no la sienta mi hermana en su momento compartimos la vida…

En un momento él se puso a llorar diciéndome que necesitaba volver a estar conmigo, me hablaba de recuerdos y de proyectos a futuro… Recordando esto, siento que hubiera sido ayer. Mi hermana era muy infeliz con él, al igual que lo había sido yo. Tenía una facilidad extraordinaria de convencer. Entonces comprendí a Michelle y me vi a mi misma con la misma expresión en el rostro, como si me hubiera desdoblado. Sentía que me estaba convenciendo al igual que lo hacia con ella.

Luego de largas horas de conversación, entre reproches, lagrimas, arrepentimiento, culpa; sentía que diga lo que diga la coraza que se había formado en mí no podía disolverse. Me canse de dar y recibir explicaciones. No quise preguntar nada más…