VENEZUELA

Nunca podré olvidarme de aquel año en Venezuela, de esas noches calurosas, de la gentileza de su gente, de esos hermosos paisajes, de sus bellas mujeres, en fin nunca podré olvidarme de esa experiencia que pareció  única en mi vida.

Aquella noche en la que, a la luz de una vela, el amor pareció posible entre esa mujer y yo. Esa mujer, que al verla por primera vez, causo un gran impacto en mí y logro que la siguiera por casi todo Caracas. Al cabo de varios intentos por convencerla esta bella mujer aceptó mi invitación de pasar una noche junto a ella.

Pero no solo esta experiencia hizo que mi estadía en Venezuela sea algo memorable. Por las tardes, en las calles abundaban los niños, todos ellos jugando como si  el resto no importara, como si nada alrededor existiera, solo ellos jugando a las escondidas, con una pelota, en fin, fue algo de nostalgia lo que sentí en ese momento al ver a esos niños, y en cierta parte me hicieron recordar a una infancia que nunca tuve. Todo terminaba, al anochecer, cuando se escuchaban gritos de  distintas voces femeninas que decían: “ven Miguel, a comer, la cena esta servida”. U  otra que decía: “Rubén venga y lave sus manos que están todas embarradas, vamos que la comida está lista”.

Y por ultimo, no puedo dejar de lado los paisajes. La forma en la que me quedaba admirando al sol que mientras este descansaba sobre el mar, aquel ave que parecía ser parte de aquel paisaje.

En fin, Venezuela, en un tiempo no tan extenso, dejó en mi, varios recuerdos, podría decir que todos ellos fueron buenos. Ojala en algún momento de lo que queda de mi vida pueda volver a ese memorable lugar.