VARADERO

Era un día muy raro, apenas te vi sentí que tu nombre me honraba, en el momento menos pensado supe que hoy más que nunca tenía que orar por ti, fue en este mismo lugar llamado Varadero que te vi por última vez, fue ese hombre con cara de espanto quién te dejo rodar por aquella fosa, era un día soleado, todos disfrutaban de las maravillas que este lugar paradisíaco regalaba, brisa salada, miradas distraídas, palmeras alocadas, pero tú,  echadita, con las manitos atadas aún a esa sucia soga yacías inocente, tenias los labios rosa, aun pintados por nuestra última cena, las uñas rasgadas, como si hubieras querido arañar el pavor, todavía se podían ver tus lagrimas recorriendo ya secas todo tu cuello enrojecido.  Un lugareño lo vio todo, esos que andan descalzos, de sonrisa fácil y mirada sincera,  me contó que tenía los ojos fijos y ningún gesto en el rostro, caminaba lento, como si su cuerpo ya no le perteneciera, arrastraba un viejo bastón,  y un bolso negro que lo tambaleaba por el peso que al parecer tenía,  sabía a que había venido, así como yo sé a qué he regresado, y a ti te digo hombre vacío que tu cabeza rodará sin fin por el agujero eterno, rodeará aquella fosa que disfrazaste de arena y mar.

Gilda Casalino

Comisión 62