Recuerdo que estaba en el cuarto año de la secundaria y se acercaba el final del ciclo lectivo, para ese entonces en todas las materias teníamos que rendir un final integrador.

Para la evaluación de lengua y literatura debía tener leídos los libros que fui leyendo a lo largo del año. Libros, que por diferentes motivos nunca pude terminar de leer y debía hacerlo a horas del examen. Por suerte, pude leer varios resúmenes de casi todos ellos, menos el de “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel. Así que sin más remedio, me dispuse a leer el libro.

Era un domingo a la noche y me encontraba en mi cuarto tratando de leer con la poca luz que tenia y al mismo tiempo tratando de concentrarme en mi lectura, el tiempo pasaba y yo tenia que dar una evaluación al día siguiente.

En un principio el libro me pareció aburrido y de difícil comprensión, ya que al comienzo de cada capitulo tenia una receta distinta, con condimentos mexicanos y un dialecto completamente diferente al que estaba acostumbrada, cosas que complicaban mi lectura. Cuando menos me di cuenta la historia me había atrapado, ya era entrada la madrugada y me encontraba en una posición rara e incómoda sobre mi cama pero realmente no me importaba, cada capìtulo se volvía mas interesante para mi y solo quería saber como terminaba.

Si hoy en día me pidieran que les contara de que se trataba ese libro, no podría decirles mucho, porque realmente no me acuerdo del todo, pero se que hice bien esa noche en leer “Como agua para chocolate”, porque al llegar a las ultimas hojas de mi libro, las làgrimas en mis ojos comenzaron en caer sin ninguna explicación. Al instante entró mi madre, a ella le preocupaba que todavía estuviera estudiando a esas horas, al verme llorando me pregunto en tono preocupante si algo me había pasado. Yo le dije que no, que solo me había emocionado el libro que hace momentos termine de leer. Ella sonriendo me deseo las buenas noches y se fue.

Ahora no se si realmente volvería a leer ese libro, porque no creo que pueda sentir lo mismo que aquella vez, pero si sè, que no volvería a encontrar métodos para poder no leer libros que después terminan siendo un hermoso recuerdo en mi mente.