Comencé a recordar mis primeras simpatías hacía la literatura… tendría casi 11 años cuando leía los típicos cuentos infantiles a mi hermana menor. Entre ellos había uno que era un tanto más complejo, para mi gusto demasiado, lo había sentido nombrar en uno de mis amigos más cercanos; el hablaba de ¨El Principito¨.

Todos lo domingos nos reuníamos en la casa de mi abuela, ella tenia una vecina que es docente y recuerdo que le comente sobre este cuento; ella me dijo que pasaría por la tarde a dejarme el libro. Es sol se escondía en una tarde ventosa, lo recuerdo por que fue pasado unos días del cumpleaños de mi hermana al comenzar el otoño.

Llegue a casa y empecé a mirar las imágenes dibujadas sobre las páginas de este intrigante libro, no tenía dudas de que era el principito con su traje azul y  esa mirada triste, perdida. Fue más conmovedor de lo que me imaginaba. Me  llega a la mente mi imagen tratando de distinguir el color de su cabello entre la pintura del dibujo y la vejez de las hojas, era un libro con varios años encima. Inicie mi lectura pero debo reconocer que solo lo interpretaba por sus imágenes; me costaba bastante entender lo que quería transmitir. Decepcionada abandone el libro, o mejor dicho lo guarde para después, entendía muy poco la historia. Pero recuerdo que me fascinaron las ilustraciones, aún las llevo en mi memoria… Me emocionaba la trama, eso si comprendí, lo que no llegaba a ver era el verdadero sentido de este libro, sabía que había magia, pero la percibía solo por la superficie me faltaba viajar hacía ese mundo un poco profundamente.

Años más tarde, una noche de domingo recordé que nunca había devuelto el libro que me prestaron. Fue esa noche que descubrí el verdadero encanto de esa historia… leí sus líneas muy atentamente, siento que procesaba todos sus aspectos ocultos; es hoy en día que afirmo bajo experiencias que ¨lo esencial es invisible a los ojos¨. Lo que sentía cuando con la mirada recorría sus palabras aún no  lo olvido, fueron muchas sensaciones a la vez, era nostalgia, admiración, encanto, esa cuota de tristeza hasta terminar en lágrimas. Fue terminar de descubrir un mundo que ya había espiado años atrás.

Sin duda esta es mi primera experiencia como lectora, la cual todavía permanece en mi como aquellos otoños…

Abalos, Yesica S.