“Memoria de una lectura”

De tantas lecturas que en mi vida tuve, a mi mente solo vienen las más significativas, no tanto en contenido, sino más bien en lo que para mi representaron.

En el contexto de una adolescencia abrumadora, confusa y muchas veces conflictiva, las expresiones artísticas, musicales o literarias, resultaron tan importantes para la construcción de mi propia identidad, al punto en que llegué a interpretarlas como dogmas de vida.

Fue así, que una lectura ciertamente polémica, marcó algunos de mis días, que hoy, un poco más maduro y menos influenciable, recuerdo.

Fue la Naranja Mecánica de Anthony Burgess, quien despertó en mí una pasión vehemente por las miserias más oscuras de la naturaleza humana.

Fueron unos pocos días, en que a medida que leía sus hojas, más identificado me sentía con el personaje principal. Por momentos, perdía conciencia de la lectura, y mi mente volaba mas allá, incluso imaginándome a mi dentro de la historia, y como me desenvolvería yo en la misma. Podría decir que iba complementando la historia que proponía el autor, con mi propia imaginación.

Era tal la admiración que su siniestro personaje me provocaba, que hasta en mi propia vida cotidiana, intenté imitarlo en circunstancias que no vienen al caso.

Tan apasionada sugestión, en una etapa tan confusa de mi vida, que me llevó mucho tiempo poder discernir entre el personaje con sus vivencias, y yo con mis propias aventuras. Podría decirse, que fué un pequeño capítulo en mi propia historia, superado.

Es por eso que recuerdo ahora, una lectura que fué mucho más que eso en su momento.

Bonanno, Flavio Adrián.